Defensoras y defensores

Luchan junto a la FIDH. Descubra aquí los perfiles de las personas defensoras actuales y de las figuras históricas de la FIDH

Perfiles de las personas defensoras
Nuestras figuras históricas
"Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Están dotados de razón y conciencia y deben actuar entre ellos con espíritu de hermandad." Artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.
Con esta profunda convicción, las personas que componen la red de 192 organizaciones miembros de la FIDH luchan día a día para defender los derechos de todas las personas. De Europa a África, de Asia a América: en todas partes se levantan, se organizan, luchan.
Y se unen a nuestra Federación para actuar a nivel mundial.
Aquí publicamos sus voces.
La FIDH tiene sus orígenes en el pacifismo europeo nacido de la matanza del 1914-1918 y en la protección de las víctimas de la injusticia y/o del error judicial. Sin embargo, en el primer tercio del siglo XX, sus activistas encontraron poco eco en las opiniones influidas por las fuerzas políticas radicales.

Atrapados entre el bolchevismo y el fascismo, el derecho, el humanismo y la democracia tendrían que esperar para encarnar un nuevo modelo, creíble aunque imperfecto.

Siguen siendo ideales por alcanzar que los seres humanos forman parte de la misma sociedad y merecen las mismas garantías de trato sin discriminación posible; la idea que los Estados ya no tendrán un derecho absoluto de vida y muerte sobre sus ciudadanas y ciudadanos, sino que tendrán que rendir cuentas de sus actos, en condiciones bien definidas, "a toda la humanidad jurídicamente organizada", como subrayó René Cassin.

Aina Shormanbayeva - Kazajistán

«En los próximos 100 años, espero que los derechos humanos sean la plataforma única para unir a personas, comunidades, sociedades y naciones».

ILI Foundation

Angkhana Neelaphaiji - Tailandia

«Espero que nuestra nueva generación viva en un nuevo mundo donde se respeten la dignidad y los derechos humanos de todas las personas».

Françoise Tulkens - Bélgica

«Para mí, lo importante de los derechos humanos podrían ser tres cosas: vigilancia, hay que estar muy atente; audacia, hay que aceptar estar fuera de la corriente principal; y resistencia».

Luis Guillermo Pérez

«Liberemos a la humanidad de la miseria y liberemos a la humanidad del terror. Favorezcamos el reconocer a la democracia como un derecho colectivo fundamental y la resistencia pacífica como indispensable frente a aquellos regímenes que oprimen a sus pueblos.»

Mikaell de Souza Carvalho - Brasil

«Me gustaría tener un planeta protegido, que nuestras madres, nuestres hijos e hijas, nuestros bosques, nuestros pueblos tradicionales con su cultura vivan mucho tiempo y no estén amenazades de exterminio».

Nedal Al-Salman - Bahrein

«Mi mayor sueño es una mejor situación de los derechos humanos en todo el mundo, con respeto a la libertad de expresión, y respeto a todos los demás derechos fundamentales. Mi sueño es ver a las mujeres en puestos de decisión y ver a más mujeres desempeñando un papel a nivel internacional y en Bahrein».

Center for Human Rights (BCHR)

Oleksandra Matviychuk - Ucrania

«Te pueden detener, te pueden golpear, incluso te pueden matar. Pero hay personas que lucharán por ti, que nunca te abandonarán, que nunca te dejarán solo/sola. Y ese hecho te da el valor para resistir pacíficamente. El valor de superar el miedo».

Center for Civil Liberties (CCL)

Patrick Charlier - Bélgica

«He tenido la oportunidad de estar en varias misiones, sobre todo a África, pero también de conocer a gente de todo el mundo en los congresos. Es una oportunidad de asimilar físicamente que la universalidad de los derechos humanos se cumple a través de la universalidad de las causas defendidas por las personas defensoras de los derechos humanos».

Paulina Vega - México

« Creo que el grito hoy debe ser más que nunca de solidaridad y empatía,  con quienes sufren la violencia, con quienes sufren de los abusos, con quienes se mantienen en condiciones marginales, con quienes sufren de pobreza ».

Tzung-han Tsou - Taiwán

«Espero que 100 años después, no sólo para el pueblo de Taiwán, sino para que la gente de esta región tenga los derechos básicos que merece y viva una vida pacífica con todo el amor que debe recibir».

Ümi Efe

Vilma Núñez - Nicaragua

«Me gustaría que los derechos humanos dejaran de ser una aspiración de la humanidad y se convirtieran en una realidad para todo el mundo».

Centro nicaraguense de derechos humanos (CENIDH)

Aline Ménard-Dorian

Una mujer de influencia y de contactos

Primera secretaria general de la FIDH. 1859-1929

Quienes se interesan por la historia de los salones durante la Tercera República francesa habrán escuchado hablar de Aline Ménard-Dorian. Quienes se interesan por la literatura sabrán que ella es una figura reconocida. Quienes se interesan por la historia de la FIDH sabrán que jugó un papel primordial, de 1922 hasta su muerte, en 1929.

Aline Ménard-Dorian ocupó un lugar excepcional en la política, en un contexto dominado por un patriarcado extremadamente rígido, donde las mujeres no tenían ni derecho a votar ni a ejercer una profesión sin la previa autorización de su padre o su marido.

Al estallar el caso Dreyfus, esta familia de origen protestante y defensora de la tradición republicana se posiciona a favor del capitán Dreyfus tanto por su falta de prejuicios antisemitas como por su odio hacia el nacionalismo.

El salón de Aline Ménard-Dorian acoge a figuras destacadas en el caso Dreyfus, tales como Émile Zola, Georges Clémenceau, Anatole France, Jean-Jaurès y Lucien Herr, así como la presencia ocasional de Marcel Proust, que se inspira en Aline para uno de los personajes de En busca del tiempo perdido.

Crítica del zarismo, Ménard-Dorian participa en la creación de la Sociedad de Amigos del Pueblo Ruso y de los Oprimidos después del Domingo Sangriento del 9 de febrero de 1905. Aline Ménard-Dorian, de orientación radical, socialista y anticlerical, se aboca al socialismo y se une a la Sección Francesa de la Internacional Obrera después de la Primera Guerra Mundial. A principios de la década de 1920, se integra al comité central de la Liga Francesa de los Derechos Humanos (LDH).

Según lo narra un recuento histórico de la LDH escrito por Lidia, la hija de Luigi Campolonghi, presidente de la Liga de los Derechos Humanos en Italia, Aline «animaba a los visitantes a crear una Liga en su país, para integrar una federación de Ligas de los Derechos Humanos» (cita traducida). Acoge también a inmigrantes que se exiliaban en París por cuestiones políticas, provenientes de Italia, de Armenia, de Rusia, y de otros países. A la par de su participación en la FIDH, milita por la labor de la Sociedad de Naciones (SDN) desde asociaciones francesas. Ménard-Dorian frecuenta los mismos círculos que un joven brillante, humanista, mutilado de la guerra, y con un avenir esplendoroso: un tal René Cassin.

Aline Ménard-Dorian: una mujer de influencia, de contactos, y de luchas.

Boris Mirkine

Un intelectual en múltiples exilios

Profesor de derecho. Kiev, 1892 – Paris, 1955.

Ruso, judío, francmasón, miembro en el exilio de la Liga Rusa de los Derechos Humanos. Refugiado en París a partir de 1920.

El año es 1940. En una Francia ocupada por los Nazis, la Gestapo escudriña su departamento. Sin embargo, antes del servicio secreto del Tercer Reich, estuvo la Tchéka, el servicio secreto soviético, que condena a muerte a Mirkine-Guetzévitch en 1919. Y antes de ellos, estuvo la Okhrana, el servicio secreto zarista, que lo deporta a Siberia en 1916.

Boris Mirkine-Guétzevitch sufrió la persecución política de tres cuerpos policiales de ideologías contrarias, pero que lo consideraban un enemigo. Al ser judío, humanista, y luego militante por los derechos humanos, Mirkine-Guetzévitch era el enemigo perfecto de las dictaduras.

En 1920, deja Odessa para reinventarse en Francia.

Boris tiene el don poner su energía vital excepcional al servicio del prójimo, empezando por la Liga Rusa de los Derechos Humanos en el exilio, que participa en la creación de la FIDH en 1922. Condecorado caballero de la Legión de honor en 1932, adquiere la nacional francesa en 1933.

En 1940, con la Wermacht al frente, la Gestapo desembarca en París, forzando a Boris a escapar hacia Estados Unidos. Pero ni el exilio es un impedimento para su activismo. Escribe, publica sus ideas, y se hace escuchar.

Boris Mirkine-Guetzévitch es parte de ese puñado de visionarios universalistas que desde los años veinte impulsa los derechos humanos dentro del derecho internacional, la rama del derecho en la que se concentran sus reflexiones como jurista. Al estar familiarizado con los Estados de Europa Central y Oriental y con el derecho internacional, Mirkine-Guetzévitch, originario de la Rusia imperial que oprimía a la población judía, trabaja en la conformación del derecho de las minorías.

El derecho y el universalismo aportan coherencia a esta vida devastada por la violencia política. La serie de exilios y de mudanzas de una cultura y de una lengua a otra, y su admiración por la revolución de 1789 le permiten a Boris Mirkine-Guetzévitch desarrollar una visión abierta del mundo, que marcará toda su obra.

Daniel Jacoby

Organizador del auge de la FIDH

Abogado. Francia, 1933-2020.

Si Michel Blum destacó por su innovación y su búsqueda incesante de nuevas formas de defender los derechos humanos mientras encabezó la FIDH, su sucesor, Daniel Jacoby, brilló por su capacidad organizativa para dar estructura a la Federación.

El inicio del mandato de Jacoby, en 1986, coincide con el auge de la Federación, que alcanzará la cúspide con la caída de la URSS y la integración de las organizaciones del antiguo bloque soviético al movimiento de los derechos humanos. Jacoby fungirá como presidente de la FIDH hasta 1996.

Al concluir sus estudios en literatura y derecho, Daniel Jacoby se recibe como abogado en 1956. Durante los años setenta, colabora en el mismo bufete de Henri Leclerc y Michel Blum. Participa activamente en las misiones de observación judicial en Grecia organizadas por Blum. Daniel Jacoby y Michel Blum compartirán una larga historia de amistad, camaradería militante y trabajo colaborativo.

Daniel Jacoby tiene dotes de organización. Integra un pequeño equipo para conmemorar el bicentenario de la Revolución francesa y gestiona el legado de Louise y Michel Leiris, lo cual le permite a la FIDH emanciparse a nivel simbólico de la Liga Francesa de los Derechos Humanos para adquirir las instalaciones en las que la Federación trabaja al día de hoy.

La deflagración que resulta de la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 cimbra el mundo, más allá de Europa Oriental y los Balcanes. En la década anterior, la FIDH había consolidado relaciones con organizaciones clandestinas en Checoslovaquia, Bulgaria y Hungría. Se realizan misiones oficiales y de oficio en la región. Una fracción de la disidencia opta por el juego político en vez de la lucha directa por la defensa de los derechos humanos, mientras que múltiples organizaciones de antiguo bloque soviético se unen a la FIDH.

Vientos de cambio soplan desde África en favor de la Federación. Se organizan frentes opositores y obligan a algunos dictadores a realizar concesiones. En ciertos casos, la oposición se traduce en una transición democrática. Surgen movimientos populares álgidos, y nuevas ligas se unen a la FIDH. Entre los años setenta y ochenta, las nuevas organizaciones africanas y sudamericanas vienen a nutrir y dinamizar la antigua red durante la presidencia de Daniel Jacoby. En paralelo y gracias a esta coyuntura global, la FIDH se consolida en las organizaciones internacionales. La FIDH adquiere el estatus consultivo ante la ONU, la UNESCO y el Consejo Europeo, así como el estatus de miembro observador ante la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos.

Sin embargo, esta época no escatima en conflictos, y verá la guerra civil en Argelia a partir de 1991, la dislocación de Yugoslavia en junio del mismo año, y las masacres que se tradujeron en el genocidio de los tutsis en Ruanda en 1994. La FIDH está en todos los frentes. Alerta, denuncia, informa. Los esfuerzos de esa época continúan siendo la base para enjuiciar a los asesinos. Gracias a Daniel Jacoby, la FIDH pasa al siguiente nivel: convertirse en una federación de impacto global.

 

Daniel Mayer

Brújula moral

Presidente de la Liga Francesa de los Derechos Humanos de 1958 a 1975. Nacido en 1909 en Paris. Murio en 1996.

Político, militante socialista, periodista.

Al ser criado en un entorno a favor del capitán Alfred Dreyfus por el caso de traición en su contra, Daniel Mayer se une a la lucha por los derechos humanos en la línea contra la pena de muerte. El detonante será la sentencia de muerte de los anarquistas italianos Sacco y Vanzetti en Estados Unidos en 1927. Mayer se afilia a la Liga Francesa de los Derechos Humanos, que intenta, junto con otras organizaciones, suspender la condena a la silla eléctrica de ambos acusados. El esfuerzo no rinde frutos.

Cincuenta años después, Mayer asume la presidencia de la FIDH. En el entretanto, desempeña funciones políticas y morales. Resistente y partidario socialista, abandona sin vacilar su partido, la SFIO, y su mandato como diputado en protesta contra la tortura y la guerra en Argelia. En 1958, se convierte en presidente de la Liga Francesa de los Derechos Humanos y lucha de modo incansable contra la tortura y la colonización.

Aporta una visión social de los derechos humanos a la FIDH, una dimensión que había estado relativamente ausente en la historia de la Federación. El acceso a un salario digno, a la educación y a la atención médica marca el combate de este miembro del Frente Popular, que se convertirá en Ministro del Trabajo y de la Seguridad Social de 1947 a 1949. De manera progresiva, los derechos económicos y sociales adquieren un lugar tan predominante como los derechos civiles y políticos dentro del trabajo de la Federación.

Daniel Mayer representa así una brújula moral que ejerce una fuerte influencia sobre una gran cantidad de defensoras y defensores de derechos humanos. El 21 de febrero de 1983, el presidente de la República francesa François Mitterrand lo nombra titular del Consejo Constitucional a cargo de vigilar la conformidad de las leyes con los principios de la Constitución.

Daniel Mayer, un hombre de convicción inquebrantable.

 

Giuseppe Modigliani

La vida antifascista

Miembro de la Lega Italiana dei Diritti dell’Uomo (LIDU), la Liga Italiana de los Derechos Humanos. Nacido en Livorno, Italia en 1872.

Acaecido en Roma en 1947. Exiliado en Francia en 1926, y posteriormente en Suiza en 1941.

Al hablar de la familia Modigliani, la fama mundial del hijo menor, Amedeo, eclipsa la carrera del hijo mayor, Giuseppe Emmanuele, abogado, militante socialista, pacifista y anticolonialista. Su historia está marcada por el fascismo, la violencia política y el exilio. Una historia de defensa del derecho que aún sirve de guía, y que hizo de la FIDH, donde Modigliani participó como comisionado jurídico, un espacio de reflexión y una plataforma de denuncia contra el fascismo.

Los primeros desencuentros entre el respetado abogado socialista Modigliani con las autoridades reales datan de 1898. Su vida se verá trastocada de manera regular por el encarcelamiento, las amenazas, los atentados y el exilio. Como anticolonialista, Modigliani se opone a la incursión en Libia de 1913. De convicción pacifista, denuncia la participación bélica de Italia en apoyo a las monarquías austrohúngara y alemana. En 1915, participa en el congreso de la Internacional Socialista de Zimmerwald. En 1917, frente al tribunal de guerra de Turín, pone en la picota a la jerarquía militar italiana por los métodos disciplinarios inhumanos que ésta impone a los soldados.

 

En 1924, protesta enérgicamente ante el parlamento por la desaparición de su camarada y diputado socialista Giacomo Matteoti, secuestrado y asesinado por militantes fascistas. Se abre un proceso judicial por el caso, en el cual participa Modigliani. Al verse impedido para continuar viviendo en Italia, como todos los parlamentarios opositores de Mussolini, Modigliani se encamina al exilio en 1926.

En París, se une a la Liga Italiana de los Derechos Humanos en el exilio, fundada en 1922, y participa en el Congreso de la FIDH el 14 de julio de 1927 para tratar la legislación fascista. Unas semanas más tarde, su tesis aparece en la revista Cahiers de Droits de l’Homme, donde denuncia el cinismo legislativo de la constitución fascista, los ataques contra las libertades personales, la persecución contra la oposición política a través de un tribunal especial, que será retomado posteriormente por el régimen nazi y el régimen de Pétain.

La FIDH sabía a qué se atenía mucho antes de 1940…

Giuseppe Modigliani, una vida consagrada a la paz y a la lucha antifascista.

 

Hellmut von Gerlach

El pacifista

Presidente de la Deutsche Ligua für Menschenrechte de 1926 a 1929. Nacido en Silesia (Europa Central) en 1866. Acaecido en París en 1935.

Parlamentario y periodista. Exiliado en Francia en 1933.

La idea fundamental en la creación de la FIDH es que los pueblos tienen el derecho a vivir en paz, y que la guerra destroza los derechos humanos al mismo nivel que destruye el cuerpo y la conciencia. A partir de 1915 surge una corriente política e intelectual basada en el pacifismo, el antimilitarismo, y la exigencia de reflexionar y actuar en el marco de una sociedad democrática. Dicha corriente se difunde a través de la revista Weltbühne, un semanario berlinés en el cual colaboran, junto a cientos de intelectuales, Milly Zirker y Hellmut von Gerlach.

 

En los archivos de La Contemporaine, Milly Zirker resume la vida de Hellmut von Gerlach como aquella del «hijo de una familia de la baja nobleza prusiana, criado en un entorno reaccionario y antisemita».

 

Las convicciones de von Gerlach lo convierten en el pacifista de mayor notoriedad en Alemania, un hombre que transitó de la derecha a la izquierda, tal como lo dice el título de su autobiografía. Sus ideas lo convierten en un miembro eminente de la Bund Neues Vaterland, que da pie al surgimiento de la Deutsche Ligua für Menschenrechte (DLM) en 1922, organización fundadora de la FIDH, y cuya presidencia es encabezada por von Gerlach a partir de 1926. En 1919, participa en el Consejo de la Oficina Internacional de la Paz en Ginebra, entidad que milita desde 1891 en favor de una corte permanente de justicia internacional.

Una vez acabada la guerra, el francófilo von Gerlach forja relaciones sólidas con sus contrapartes de la Liga francesa, la hermana mayor de la DLM, y que proyecta los derechos humanos en el mundo. El trabajo de ambas ligas las lleva a establecer relaciones políticas y amistosas. Las delegaciones en favor de un acercamiento franco-alemán organizan conferencias y eventos públicos en ambas orillas del Rin.

En 1933 y mientras huye del nazismo, von Gerlach encuentra un refugio obvio en Francia. La Liga organiza una gira de conferencias con von Gerlach al frente para discutir la paz europea y «recolectar fondos al final del evento en favor de las víctimas de la injusticia y la arbitrariedad», según se traduce el mensaje escrito en una invitación. El 9 de agosto de 1935, durante el funeral de von Gerlach en el cementerio de Père Lachaise, ambas ligas hermanas deciden rendirle homenaje a «el hombre que libró una de las luchas más gloriosas contra el fascismo hitleriano» (cita traducida).

Michel Blum

El creador de las misiones de la FIDH

Presidente de la FIDH 1983-1986. Nacido en 1935.

La Francia de los sesenta vibra y disfruta el crecimiento, a la vez que la joven Quinta República trae sosiego gracias a una garantía de estabilidad política. La sección internacional de los periódicos atisba apenas algunas líneas sobre «el Portugal de Salazar», «la España franquista» o «la Grecia de los coroneles». Detrás de estas expresiones genéricas se esconden realidades atroces: encarcelamiento arbitrario contra la oposición, desapariciones, procesos inicuos, tortura, y ejecuciones sumarias. Si bien estos eventos ocurren cerca de las fronteras francesas, a unas horas de París, una indiferencia deliberada parece imponerse. No obstante, Michel Blum no puede ni dormir. El joven abogado de izquierda, que se politizó durante la guerra de Argelia, está sumamente consternado y va a actuar en consecuencia.

Encontrará una oportunidad en la FIDH, a la que se unirá en 1962.

Michel Blum es un organizador, un conductor de orquesta, un visionario con capacidad de innovación. ¿Las dictaduras quieren dar la apariencia de respetar el estado de derecho? Muy bien. Michel Blum enviará abogados y abogadas a observar el proceso. La estrategia rinde frutos: el proceso que busca supervisar como parte de su primera misión de observación en Madrid a nombre de la FIDH, se aplaza sin cesar. Qué coincidencia…

Al no contar con financiamiento institucional para ese tipo de misiones, Michel Blum encuentra soluciones creativas. Busca entre sus contactos y se reúne con organizaciones griegas, españolas y portuguesas que trabajen con asiladas y asilados políticos. Cada vez más abogadas y abogados se unen al equipo de observación: en 25 años, se llevan a cabo cientos de misiones.

Cuando la abogacía no puede hacer más, Michel Blum innova de nuevo. Contacta al almirante Sanguinetti, inclasificable político y militar, para que hable con sus generales argentinos «homólogos» e investigue sobre los crímenes que han cometido. ¡Y funciona! La prensa halla interés en la relación entre estos personajes un poco peculiares, y retoma sus comunicados y su forma de expresión. La FIDH se consolida y gana peso, a la vez que el panorama anglosajón ve surgir pequeñas organizaciones a favor de los derechos humanos: Amnistía Internacional y después Human Rights Watch. Se vuelve necesario contar con un equipo de abogados en París y que sean expertos de su área.

Michel Blum, hombre de visión, innovación y misión.

Milly Zirker

Mujer libre

Huyó a Francia en 1933 y a Estados Unidos en 1941. Nació en Colonia en 1888 y murió en Miami en 1971.

En 1922, cuando se creó la FIDH, una mujer representaba a una de las organizaciones fundadoras, la Deutsche Liga für Menschenrechte (DLM) o Liga Alemana de Derechos Humanos. Se llama Milly Zirker. Fue periodista, traductora, activista incansable y pacifista en una época en la que Alemania salía destruída de la Primera Guerra Mundial.

En 1933, escapó de los nazis. Organizadora nata, con una libreta de direcciones tan larga como su brazo, Milly Zirker se convirtió en uno de los ejes de la emigración antifascista de habla alemana en París. También fue el enlace entre las ligas exiliadas de la FIDH y la Liga Francesa. Durante este tiempo, la Gestapo de Heydrich no la olvidó. Es considerada por sus secuaces como uno de los miembros más importantes de esta emigración, al igual que Thomas Mann. Milly Zilker sabe que está en peligro. Su activismo nunca se resiente.

«El correo y las llamadas telefónicas me llegan todas las tardes a la oficina de la Liga» (carta del 6 de noviembre de 1936).

En el 27 de la calle Jean-Dolent, sede de la Liga Francesa de Derechos Humanos, en el segundo piso, tenía un despacho como jefa del departamento de refugiados y exiliados de habla alemana. Apoyado discretamente por el gobierno del Frente Popular, este servicio asignaba subsidios y pasaportes y ayudaba a encontrar trabajo a los necesitados.

Cuando estalló la guerra, su misión cambió bruscamente. Hizo todo lo posible por utilizar su famosa libreta de direcciones para obtener de las autoridades la liberación de activistas alemanes internados en «campos de concentración». «La señorita Zirker propone hablar con usted sobre los casos de los escritores antihitlerianos actualmente detenidos en los campos de concentración», se lee en una carta fechada el 11 de septiembre de 1939 enviada por el secretario general de la LDH a uno de sus interlocutores ministeriales.

Hasta el día en que es detenida y encerrada en el campo de Gurs, del que se escapa. Un visado expedido por la red de ayuda de Varian Fry le permitió llegar a Estados Unidos en 1941. Nunca volvió a Alemania.

Milly Zirker, mujer libre, incondicionalmente libre.

René Cassin

Hombre de buena voluntad y Premio Nobel de la Paz

Co creador de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH). Nació en 1887 en Bayona (Francia). Murió en 1976 en Paris.

El Premio Nobel de la Paz concedido a René Cassin el 10 de octubre de 1968 recompensa una vida y unos conocimientos al servicio de los derechos fundamentales y la libertad. Este hombre es conocido por ser uno de los pilares de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) adoptada en París el 10 de diciembre de 1948.

¿Dónde nace el compromiso? ¿Y en qué momento? Para René Cassin, nació con el fracaso y la oscuridad de la Primera Guerra Mundial, entonces llamada la Gran Guerra. Lo convirtió en un lisiado, pero esta experiencia lo transformó sobre todo en un pacifista y un humanista convencido. A partir de entonces, su activismo fue enorme. Participó en la fundación de una de las primeras asociaciones de víctimas de la guerra, soldados mutilados, viudas y huérfanos.  En 1921, se unió a la Liga Francesa de Derechos Humanos. De 1924 a 1938, fue miembro de la delegación francesa en la Sociedad de Naciones (SDN) y luchó activamente por la paz al tiempo que denunciaba, a partir de 1930, los peligros del fascismo y el nazismo. Pacifista, sí; esperar y ver, no.

Este republicano convencido no dudó ni un segundo en junio de 1940: para él, eran Londres y la Resistencia. Fue él quien construyó las instituciones jurídicas de la Francia Libre del General de Gaulle. A partir de 1943, se dedicó a reconstruir el Estado de Derecho en Francia, que esperaba establecer tan pronto como terminara la ocupación. Para el jurista René Cassin era importante defender a las víctimas del régimen de Vichy y hacer que los culpables de colaboración y exacciones fueran juzgados de forma que se garantizara su derecho de defensa.

En su discurso de aceptación del Premio Nobel, el 11 de diciembre de 1968, no dudó en presentar la DUDH como «un acontecimiento histórico (…) el primer monumento de carácter ético que ha adoptado la humanidad organizada». Aunque en este texto la competencia de los Estados sigue siendo primordial, ya no es exclusiva cuando se trata del trato a sus nacionales y puede ser transferida, bajo ciertas condiciones, a organismos internacionales «es decir, a toda la humanidad jurídicamente organizada».  Esta Declaración convierte a todo ser en miembro de la sociedad humana al mismo tiempo que afirma el poder del derecho internacional que enmarca la soberanía de los Estados. Un principio que se socava regularmente y que es esencial proteger.

René Cassin, gigante de la paz, hombre de buena voluntad.

 

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